Responsabilidad sexoafectiva: Cuidar del otro en el sexo

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Cuando tenemos sexo nos interesa sentir placer y desahogarnos de todo el estrés de la vida cotidiana. Esto tal vez parezca una obviedad, como decir que el agua moja. Sin embargo, a muchos no les queda claro que esto debe ser algo recíproco. No siempre es el caso de que tenemos en mente lo que la otra persona está sintiendo o, si lo hacemos, tal vez no vemos más a profundidad.

Y no, claro que no nos referimos a que tan profundo llegas al penetrar ni hablamos de fisting. Hablamos de que no solo basta con que hagamos la pregunta “¿te está gustando?” una vez y obtengamos un simple “sí” para convencernos de que no hay nada malo. Necesitamos ver más allá, preguntarnos ¿qué reacciones está teniendo la persona? o ¿si realmente le está gustando?

La otra persona también importa

Por más que el amor propio sea algo muy importante, no debemos pasarnos al lado del egoísmo. Siempre que se establecen relaciones afectivas (amistad, noviazgo, sexfriends, etc.) con los demás es importante tomar en cuenta sus sentimientos y lo que piensan. Claro, tampoco se debe vivir para complacer a los demás (al menos que eso sea tu trabajo, si sabes a lo que nos referimos).

Lo mejor es encontrar un punto medio en el que podamos darnos el valor que merecemos sin menospreciar a otros. En la actualidad, hay un concepto que cuestiona todas estas conductas: la responsabilidad afectiva. Consiste en ponerse en los zapatos del otro y entender que nuestras acciones tienen consecuencias, por más que no lo parezca o no queramos aceptarlo.

¿Qué quiere decir esto? Que no vamos a hacer cosas como ser brutalmente honestos como si fuéramos Dr. House, siendo prepotentes, desobligados o indiferentes con otras personas solo “porque así somos y quien no me acepte así, que se aguante” o “porque no es mi novio ni mi familia”. ¿Y por qué los demás tendrían que aguantarte? ¿O sea que solo tu pareja formal o tu sangre merece tu consideración?

La responsabilidad sexoafectiva

Esto también debemos aterrizarlo a la hora de tener sexo. No solo se trata de lo que a ti te pone erecto o te haga dilatar, también es relevante lo que la otra persona siente. La responsabilidad sexoafectiva es entender que todos los implicados en tu vida sexual merecen que los trates con dignidad y no solo como unos objetos. Preguntarles qué les gusta, formar acuerdos y ser honestos el uno con el otro.

Además, es entender que no solo se trata del acto sexual e irse, es cuidar de la otra persona, hacerla feliz y cuidar el vínculo que se ha formado. Esto no solo aplica cuando tienes una relación monógama formal; sobre todo en el poliamor es una clave para que funcione. No por estar en una relación abierta tienes derecho a romper acuerdos o romper corazones. ¿Y cómo logramos esto? ¿Acaso leemos la mente de los demás? No es necesario leer la mente para tener algo de empatía, ¿no lo crees?

Cuidar la salud de los otros es tener responsabilidad sexoafectiva.

Ser responsables afectivamente en la cama no solo es todo lo que tiene relación con lo emocional o con que el otro sienta placer al igual que tú. Cuidar la salud sexual de la otra persona es crucial para dejar de ser unos egoístas en el sexo. Si eres alguien promiscuo usa preservativos y hazte chequeos constantes. De igual forma, esto es indispensable en las relaciones estables, sean polígamas o monógamas.

Las enfermedades de transmisión sexual existen y no por un descuido debes arriesgar tu vida. Mucho menos debes de ser indiferente para terminar contagiando a otros. Tampoco olvidemos que los embarazos no deseados existen y luego el padre en cuestión quiere abandonar al hijo ya nacido. ¿Pero el aborto lo solucionaría, no? Sí, pero eso debe ser 100% decisión de quien está gestando. Además, ¿por qué no mejor evitar todo el desgaste físico y emocional que eso conlleva?

Tener responsabilidad afectiva también es evitar este tipo de situaciones. Entender que todos somos personas que tienen sentimientos, opiniones, pensamientos y una vida propia. Quitémonos esa idea de que el otro no importa y que sino se aguante. Por supuesto que estas costumbres no se van de la nada pero cuestionémonos estas conductas y hagamos un cambio en cómo nos relacionamos.

¿Conocías la responsabilidad afectiva? ¿Te has cuestionado esta clase de prácticas comunes?

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